CampoLitoral
Edición del Sábado 26 de enero de 2013

Entrega final sobre la historia de la aeroaplicación en la República Argentina

Entre Bichos y Aviones (II)

Luego de los intentos para controlar la langosta que hicieron los pilotos Marcelino Viscarret y Gustavo Gerock, la actividad pegó un salto tras la II Guerra Mundial: hubo mayor disponibilidad de aeronaves y surgieron los productos líquidos que hicieron más efectivos los tratamientos.

Daniel Meinardi

Investigador aeronáutico

Con el fin de la 2º Guerra Mundial hubo una mayor disponibilidad de medios aéreos en el país, que permitieron encarar en forma seria el problema de la langosta. Por entonces la aviación militar había comenzado a transferir varios aviones de transporte Junkers Ju-52 (alemanes) al Ministerio de Agricultura para ser usados en tareas de pulverizado. Hacia 1948 se organizó la denominada “Campaña Antiacrídica”. Aviones de diverso tipo y por 1º vez -incluso helicópteros (Bell 47)- fueron afectados a estas operaciones.

Por su parte, la Aviación Naval también fue convocada para esta singular batalla, desplegando escuadrillas de aviones Vought V-65F “Corsair” a regiones de Santa Fe y Chaco. En el caso de los Junkers Ju-52 se les aplicó una tolva en el compartimento de carga, con una capacidad de 1.200kg de polvo insecticida, siendo los más utilizados el “Efusán” y el “Gamexane”, suficientes para unas 400/500 hectáreas, según la altura de lanzamiento (aún no se empleaban productos líquidos en aviación). Se instalaron tejidos metálicos en motores y filtros de aire, pues resultaban afectados por los millones de insectos que impactaban en los aviones al sobrevolar las mangas.

Actividad mortífera

Hay que remarcar la condiciones particularmente difíciles que debieron afrontar hombres y máquinas participantes. Se operaba en los meses de verano en el centro norte del país con aparatos cargados hasta el límite de insecticida y combustible; operando a baja altura, desde aeródromos improvisados o simples campos perdidos en el monte; casi sin comunicaciones y mínimo mantenimiento.

Más difícil aún fue para tripulantes y personal de apoyo de los Ju-52 porque el insecticida contaminaba cabinas y compartimentos; su gran toxicidad llegó a ocasionar la muerte de algunos y afecciones de por vida en muchos de ellos. Aún cuando disponían de trajes de vuelo, guantes y máscaras, estos no siempre se podían usar por el intenso calor del interior de los aviones.

Hacia 1956/57 había aproximadamente unas 200 aeronaves de diverso tipo repartidas en todo el centro norte del país, tanto de organismos públicos como de empresas privadas. Fueron tratadas cientos de miles de hectáreas y no sólo en Argentina, pues como el origen de muchas mangas de langostas estaba en Bolivia también operaron allí nuestros aviones.

Las condiciones adversas ya mencionadas también cobraron su cuota de accidentes y vidas. Un resumen del período 1955/60 indica 60 muertos y 48 heridos diversos.

Es interesante recordar que a nivel internacional, luego de la 2º Guerra Mundial, la lucha contra la langosta se definió rápidamente por la abundancia de aviones, pilotos y nuevos recursos químicos. En Argentina estos avances eran conocidos por los especialistas locales que repetidamente solicitaron al gobierno de entonces (justicialista) el uso de más equipos y nuevos productos (como el Dieldrin) para frenar de una vez las repetidas y devastadoras incursiones de langostas.

Lamentablemente aquí se dejó pasar mucho tiempo, la ayuda se mezcló con la política (algunos aviones portaban inscripciones partidistas...). Según la orientación política de las poblaciones afectadas, la ayuda podía llegar más o menos rápida, algo muy lamentable que contribuyó a las masivas pérdidas de cosechas en ese período.

Recién hacia 1960 ya se podía dar por controlada la langosta en Argentina, aún cuando durante algunos años hubo esporádicas y mínimas apariciones.

Con la llegada de los agroquímicos líquidos el accionar de la aviación se simplificó, sumando la llegada de los primeros aparatos de diseño específico para la aeroaplicación a mediados de los 60, los míticos PA-25 Pawnee y luego los Ceesnas A-188, sin olvidar a decenas de PA-12 y C-172/180 modificados, entre otros modelos. Recordamos además a los helicópteros que en Mendoza y San Juan pulverizaron viñedos o también los aviones contra granizo.

Esfuerzo común

Hoy día, Argentina depende (para bien y mal) casi en forma exclusiva de lo que logran producir sus campos. Que se llegara a tales niveles productivos es el resultado de mucho esfuerzo, tecnología y cuidado de los sembrados.

Hoy nos encontramos con una seria división de ideas: por un lado -como punto extremo- se propone la eliminación de las fumigaciones aéreas, mientras en el otro extremo muchas veces se hace uso y abuso de productos químicos, tanto en forma terrestre como aérea, sin evaluar demasiado qué se está usando, bajo qué condiciones y cuales podrían ser sus consecuencias hoy y en el futuro.

¿Un productor agrícola promedio conoce realmente todo cuanto está incorporando a su tierra, desde incluso antes de la siembra y hasta la cosecha? ¿La legislación existente hoy en Argentina está a la altura del impresionante desarrollo tecnológico que a surgido en el agro?

La historia de la aeroaplicación lleva más de 80 años en este país. Desde aquellos pioneros como Viscarret y Gerock hasta hoy se ha recorrido un largo camino. Decenas de pilotos han dejado sus vidas cumpliendo con su trabajo (incluso algunos eran héroes de Malvinas). Es el sector de la aviación civil y privada que más ha invertido y avanzado en tecnología para cumplir con las exigencias actuales.

Quizás sea el momento de una correcta evaluación técnica y legal, con respeto y sin fanatismos (de esos que tanto daño hacen a nuestro pueblo), donde TODOS expongan sus derechos y obligaciones. Este modesto trabajo sólo pretende aportar algo de la enorme historia del agro argentino, donde la aviación tiene un lugar ganado con esfuerzo propio y de cuyos resultados participa todo un país.

 

Entre Bichos y Aviones (II)

Mastodontes. A los Junkers Ju-52 se les aplicó una tolva en el compartimento de carga, con una capacidad de 1.200kg de polvo insecticida, suficientes para tratar entre 400 y 500 hectáreas. A la derecha, una imagen de la carga con Effusan en un avión oficial con propaganda del gobierno peronista. Fotos: Gentileza Daniel Meinardi//Archivo Cicalesi/ Rivas

Entre Bichos y Aviones (II)

Cambio de época. En la década del 40 la aviación naval aportó aviones Vought V-65F “Corsair” para combatir la langosta; ya en los 60 empezaron a actuar -con productos líquidos- los PA-25 Pawnee. Fotos: Archivo

Fuentes consultadas:

*Revista Nacional de Aeronáutica Nº190 (Enero 1958)

*Revista Nacional de Aeronáutica Nº213 (Diciembre 1959)

*Pista - 18 Nº19 (Febrero 2002)

*Aeroespacio Nº 578

*Mach 1 (Aviación Naval Argentina) Nº 42

*Junkers Ju-52 en Argentina. Monografía Nº3 (Cicalesi/Rivas/Nuñez Padin)

Historiadores aeronáuticos:

*Antonio Biedma Recalde

*Francisco Halbritter

*Marcelo Miranda

*Argentino Raúl Lavena

*Martín Campos

Entre Bichos y Aviones (II)

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