Crisis laboral en San Vicente
La fábrica Bernardín busca
la forma de seguir adelante
La paralización de las ventas está “jaqueando” a la tradicional empresa de cosechadoras, que emplea a 115 personas. El jueves se hace la segunda reunión de conciliación obligatoria.
Gastón Neffen
Enviados especiales a San Vicente
gneffen@ellitoral.com
Hace tres años, los directivos de Bernardín (Agroindustrial San Vicente) creían que las tradicionales cosechadoras azules podían tener una oportunidad en la agricultura española. Hicieron estudios de mercado, llevaron “los fierros” a la madre patria para que los probaran los “chacareros” ibéricos y planificaron una nueva fábrica en La Carlota (Córdoba).
El principal estímulo era la competitividad que estaba mostrando la maquinaría agrícola argentina en los difíciles lotes de Europa del Este. Pero todos estos sueños se derrumbaron en menos de un año y medio. El conflicto por las retenciones frenó “en seco” las operaciones en el mercado interno. La sequía y las malas campañas agrícolas restaron “porotos” y resintieron todavía más las ventas locales.
La crisis económica global atacó el único flanco que quedaba: la exportación. Las trilladoras, pulverizadoras y picadoras de forraje, que Bernardín produce en San Vicente se vendieron a Bielorrusia, Kazajstán y Venezuela, entre otros países. Pero los problemas financieros ahora demoran los pagos y “asustan” a los posibles compradores.
En este marco, Bernardín corre el riesgo de ser la primera víctima “grande” de una tormenta que en realidad está haciendo “tambalear” a muchas empresas de maquinaría agrícola. La firma de San Vicente todavía no pudo pagar los sueldos de mayo y junio. Y según los empleados también adeuda una parte de abril.
La semana pasada, la crisis laboral llegó a su punto más alto. La fábrica estaba tomada por los obreros para protestar por la deuda salarial y la empresa envió 76 telegramas de despidos. El gobierno de Santa Fe dictó la conciliación obligatoria. Los directivos de Agroindustrial San Vicente y los obreros se reunieron este último miércoles.
“Pasamos a un cuarto intermedio hasta el jueves que viene”, resumió Rubén Santiago, delegado de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en San Vicente, en diálogo telefónico con Campolitoral. Los empresarios insisten en que están aguardando el cobro de unas ventas que se realizaron en Bielorrusia para saldar la deuda salarial con los obreros.
La situación económica de los empleados es muy complicada. En estos últimos dos meses su fuente principal de ingreso fueron los 600 pesos del Programa de Reconversión Productiva (Repro). “Le pedimos al Ministerio de Trabajo que nos difiera el pago de algunos impuestos y servicios hasta que la situación se normalice”, planteó Eduardo Gómez, uno de los delegados del personal de la fábrica. Miguel Basso, otro de los delegados, también contó que muchos obreros están comprando alimentos “fiados” gracias a la solidaridad de los comerciantes.
Un pueblo de “cosechadores”
La gente de San Vicente (6.000 habitantes) está muy atenta a la evolución de este conflicto. Es que es una comunidad que tiene un sentimiento muy especial por las cosechadoras (ver recuadro: “La capital de los fierros). Además, en la fábrica de Bernardín trabajan 115 personas y es la fuente de empleo más importante de esta localidad.
En la década de los 90’, cuando al cierre de la histórica Senor (1987), se sumó la paralización temporaria de Bernardín (estuvo quebraba entre 1992 y 1997), la vitalidad productiva de San Vicente se estancó. “La gente se iba a trabajar a las empresas de Rafaela porque acá no había nada para hacer”, cuenta José Turino, vicepresidente del Centro de Contratistas de Maquinaria Agrícola.
El contraste fue muy fuerte. De ser una localidad que importaba mano de obra (gente de Entre Ríos, Córdoba y de muchos pueblos santafesinos) paso a ser una economía que sólo se movía con las cosechas y las reparaciones que necesitaban los contratistas (son más de 60 en San Vicente) y productores.
A finales de los 90’, la recuperación de Bernardín (por el grupo que gerencia Agroindustrial San Vicente), la consolidación de Over —que vende productos médicos veterinarios— y el crecimiento de AgroAr (hace tolvas, desmalezadoras y rastrillos) impulsaron la recuperación económica de una localidad, que ahora vuelve a sentir el impacto de la crisis.
Una vecina bien atenta
En frente de la fábrica vive alguien que siempre siguió muy de cerca todo lo que pasa en esta empresa. Se llama Nelly, tiene 77 años y es la hija de Don Andrés Bernardín, que fundó la empresa en 1925. “Siempre que hay dificultades me da mucha angustia, por la gente que está trabajando en la fábrica”, dice Nelly, que enseguida aclara a Campolitoral que le cuesta hablar del momento de la empresa porque se pone triste y no le hace bien.
Su padre vendió la fábrica en 1947, tres años antes de morir. Pero ella siempre estuvo atenta a cada etapa de la empresa que con tanto esfuerzo construyó su familia. En el primer galpón de Bernardín, la madre de Nelly accionaba la fragua y ella recuerda con emoción cada vez que su padre le permitía acompañarlo y recorrer los talleres.
Cuando cerró Bernardín en los 90’, Nelly cuenta que los galpones —que ocupan dos manzanas— se llenaron de ratas y murciélagos. “Estaba todo abandonado y los chicos rompían los vidrios con las gomeras”, recuerda. “Tengo miedo de que vuelva a pasar lo mismo”, admite Nelly.
Es lo que le pasa a toda la gente de San Vicente. Las próximas semanas serán decisivas para saber si Bernardín “aguanta” la tormenta y sigue en pie.
EN RELACIÓN
La capital de los fierros
Federico Aguer
faguer@ellitoral.com
San Vicente vio nacer a Senor, primera fábrica de cosechadoras de Latinoamérica, luego a Bernardín y a Boffelli. De las tres, sólo sobrevivió Bernardín, junto con unos 20 talleres que hoy confeccionan cualquier repuesto de la mejor calidad. A lo largo de los años, los contratistas y productores fueron quienes ayudaron a experimentar y desarrollar estas máquinas. La gente del pueblo forjó su propia historia al ritmo de estos fierros, asociando su destino con el de las máquinas que iba creando.
La Fiesta Nacional de la Cosechadora fue el corolario de esta sociedad tácita. En San Vicente hay una cosechadora cada treinta habitantes: un récord único en el mundo. Si Bernardín cierra sus puertas, quedará sepultado para siempre el legado de los hombres y mujeres que forjaron este sentimiento de trabajo que identifica a todo un pueblo.
Muy poco trabajo. Los obreros de Bernardín terminan cinco cosechadoras de arroz que están vendidas a Venezuela.
Foto: Campolitoral
Angustiados. Miguel Basso y Eduardo Gómez, delegados de Bernardín, están muy preocupados por el futuro de la empresa. Foto: Campolitoral
Una larga tradición. Esta es la legendaria “corta y trilla” que hizo Don Andrés Bernardín en 1925.
Foto: Gentileza Nelly Bernardín.
