Editorial
La estrategia del sentido comúnEl conflicto del campo con el gobierno muestra a dos contrincantes decididos y con estrategias bien diferenciadas. Los Kirchner, atrincherados en la decisión de no dar el brazo a torcer, hacen uso de la verborragia que los caracteriza. La misma no se priva de chicanas, muletillas e insinuaciones de todo tipo, principalmente relacionadas al poder adquisitivo del sector agropecuario y su supuesta falta de solidaridad con los que menos tienen. En esa postura pretenden ser víctimas de todos los sectores de la sociedad argentina con los que han abierto frentes de tormenta. En ese sentido, para resolver un conflicto, nada mejor que crear uno distinto. Mientras declaman desde el atril que no van a dejar que les enfríen la economía, la realidad misma les ha ganado de mano. La descripción que hacen desde Buenos Aires se parece más a una foto vieja que a la dinámica de los hechos. Las increíbles cifras del Indec, el preocupante ataque a los medios de comunicación, desconociendo a la libertad de prensa como un derecho fundamental, y el "aguante" que expresan Moyano y D'elía se parecen más a expresiones de un barrabrava que a las de una primera mandataria.
De hecho, la paralización en gran parte del interior productivo está poniendo en jaque a muchos pueblos del interior, cuya cadena de pago se sigue cortando cada vez más.
A la larga lista de gruesos errores políticos, difíciles de ver algunos años atrás en la misma gestión presidencial, se le agrega el hecho de hacer pública la enorme brecha interna entre los mismos funcionarios del gabinete.
Por el otro lado, la dirigencia rural, históricamente dividida, habla un mismo idioma y expresa un sólo mensaje. Bien aconsejados, los líderes de las entidades del campo prefieren ser tildados de blandos por sus bases que darle el más mínimo argumento al resto de la población y al gobierno nacional.
Los cuatro se siguen mostrando juntos, ahora en Chaco, mientras la postura de los autoconvocados se sigue endureciendo en Gualeguaychú y en muchos piquetes del país.
Nunca en los conflictos humanos hay buenos y malos, es cierto. Pero las causa por las que luchan los hacen mejores o peores. El campo resiste por la cultura del trabajo, la dignidad y un modelo productivo de país. El respeto a las leyes y políticas a largo plazo que beneficien la generación de riqueza: la estrategia del sentido común.