Editorial
Alertas y movilizadosTerminó la tregua otorgada por los productores rurales al gobierno. En treinta días se avanzó poco y nada para encontrar una solución. La gestión Kirchner pensaba anunciar un plan para el campo en el marco de los festejos por el bicentenario. El campo, sin embargo, motivado por sus propias urgencias, impuso otra agenda.
Mientras por estos momentos miles de productores se nuclean en asambleas a lo largo del país, ya se vislumbran algunas puntas de la estrategia del sector a partir de ahora.
Los líderes de las cuarto entidades ya descartaron al corte de ruta como metodología para la protesta, aunque resta saber si los autoconvocados opinarán de la misma manera.
Después de un mes de protesta, tal vez sea Eduardo Buzzi quien sepa canalizar la voz del reclamo que más le duele al gobierno, porque desnuda con cifras concretas lo falaz y frágil del argumento oficial. Las retenciones, lejos de aplicarse para mejorar la distribución de la riqueza, son utilizadas para incrementar las arcas de una gestión de concentración de la política y de la economía en manos de unos pocos.
El campo ha propinado un golpe a la credibilidad de la Presidenta y ha desnudado los verdaderos hilos que manejan el poder en el país. Además, decidió llevar adelante una lucha que parece haberse instalado y a la que que por un largo tiempo parecen no asomarse soluciones de fondo.
También supo aprender la lección en cuanto a la modalidad de la protesta. No cortar las rutas así lo demuestra. Ahora, la intención es cortar la cadena de pago, algo que ya se venía dando por la fuerza de los hechos más que por la estrategia sectorial.
Se espera una convocatoria para el martes, en donde se trataría el tema conflictivo de las retenciones móviles, verdadera mecha del escándalo.
De una vez por todas, es indispensable que el gobierno entienda que la aplicación de una política a largo plazo para el sector y para el país no implica dar el brazo a torcer. Si esto no ocurre, la alerta y movilización se volverá a transformar en otra cosa.
El país sigue perdiendo tiempo, perdiendo credibilidad y perdiendo mercados en el mundo, los que costó mucho tiempo y dinero conseguir. Mientras el conflicto siga sin resolverse, no es sólo el campo quien se ve perjudicado, sino la economía en su conjunto y hasta el mismo gobierno, quien recaudará menos para la próxima campaña, y a quien se le hará harto difícil mantener su costoso superhávit fiscal.